Ruiz Juárez Carlos
Octavio
Grupo: 518
Capítulo Décimo
PERDIDOS EN EL TIEMPO
Estamos atrapados en el
tiempo.
¿Cómo definiríamos el
tiempo?
Relación entre tiempo y
movimiento.
¿Cómo medir el tiempo? El
tiempo social
El tiempo natural.
Pasado, presente y futuro.
¿Existe un destino
predeterminado?
El ser humano es un ser
temporal y mortal... ¿el alma también?
Las preguntas de la vida;
Fernando Savater
Savater dice lo siguiente:
Preguntemos a cualquiera
cómo es su vida cotidiana. Nadie logrará hablar de sí mismo, de su vida, de lo
que quiere o teme, de lo que le rodea, sin referirse al tiempo. Por tanto se
debería suponer que nada nos es tan conocido y familiar como el tiempo. Pero si
se nos pregunta qué es, no nos queda más remedio que encogernos de hombros.
Esto lo dice Sabater y estoy
en parte de acuerdo con el
Tanto en la vida cotidiana
como en las diferentes ramas del saber, manejamos continuamente nociones
temporales; antes, después, ahora, ya, simultáneamente, tarde, temprano, ayer,
mañana,... El mundo se nos ofrece como una realidad que cambia incesantemente y
la percepción del cambio, de la sucesión o de la duración de las cosas nos
sugiere la idea del tiempo. Sabemos que ha transcurrido el tiempo lectivo, el
tiempo de vacaciones o el tiempo de la juventud. Es indudable que tenemos
experiencia del tiempo y hasta nos atrevemos a calcularlo mediante diversos
procedimientos: el curso del sol, la sucesión de los días y las noches, el
desplazamiento de las agujas del reloj. Sin embargo, qué es realmente el tiempo
es una cuestión difícil y compleja, pues, como decía San Agustín, "si
nadie me lo pregunta, lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo
pregunta, no lo sé".
El tiempo no es una idea
obtenida por abstracción a partir de la observación de los acontecimientos, no
es un concepto empírico, sino una estructura necesaria para cualquier
observación. El tiempo es la posibilidad que hay en nosotros, en cuanto
observadores, de percibir los acontecimientos. Tanto el tiempo como el espacio
no son más que relaciones entre las cosas en cuanto que son percibidas. Cualquier
experiencia tiene como condición el tiempo, de manera que éste es la condición
general de todas las experiencias, superior incluso al espacio, no siempre
necesario. Nuestra experiencia externa está sometida a las coordenadas
espacio-temporales, mas la interna sólo lo está a la temporal.
Según Kant, no podemos saber
si "fuera" las cosas se suceden, pues cuando intentamos atisbarlas ya
lo hacemos desde el tiempo, que es una cualidad de la conciencia del hombre. La
sensibilidad humana lleva el tiempo como una manera de ser suya. El tiempo es
una forma a priori de la sensibilidad que condiciona y hace posible toda
experiencia.
El tiempo es diferente para toadas las personas todas y cada una de las personas tienen una percepcionn diferente del tiempo ya que hay muchos factores que intervienen en esta.
El tiempo es realmente nuestro o somos esclavos de el depende de la persona a quien se lo preguntes los mas grandes no tendrán tiempo de nada en cambio los mas pequeños tienen todo el tiempo del mundo.
La repetición incesante fue
esgrimida por pensadores muy posteriores como Giambattista Vico, con su teoría
de los cursos y recursos (ciclos) interminables de la historia, y Friedrich
Nietzsche, con su concepto del eterno retorno de lo idéntico, en el que, a
diferencia de la visión cíclica del tiempo, no se trata de ciclos ni de nuevas
combinaciones en otras posibilidades, sino de que los mismos acontecimientos se
vuelven a repetir en el mismo orden, tal cual ocurrieron, sin posibilidad de
variación.
El pensamiento de que esta
vida, tal como la hemos vivido, tendrá que ser revivida otra vez, y una
cantidad innumerable de veces, que no habrá nada nuevo y que tanto las cosas
más grandes como las más pequeñas volverán para nosotros en la misma sucesión y
en el mismo orden, este pensamiento es tal que puede sumir en la desesperación
al hombre aparentemente más fuerte. [y sin embargo] hay que alcanzar la
voluntad de querer que retorne todo lo que ya ha sucedido, de querer en lo
sucesivo todo lo que acontecerá. Hay que amar la vida y a nosotros mismos más
allá de todo límite para no poder desear otra cosa que esta eterna y suprema
confirmación.
La conclusión a la que he
llegado:
De nuevo me he de atener a
mi condición de científico-técnico para comentar este capítulo. Como tal, para
mí el tiempo es una clara, precisa y bien conocida magnitud física acerca de la
cual no me cabe ninguna duda.
Sólo me parecen de interés
dos aspectos que el autor trata en este capítulo como “efectos secundarios”.
En primer lugar, es
interesante la bien conocida cuestión: ¿existe el destino?... Cada cual que
extraiga sus propias conclusiones, si bien, opino que es importante que una
persona se formule esa pregunta como medio de obtener una mayor madurez.
La segunda cuestión, trata
con una gran magistralía la eternidad del alma humana: Nuestro cuerpo nos ata
definitivamente al tiempo y por tanto a la mortalidad. ¿Hay algo en nosotros
no-corporal, por tanto no-temporal, inalcanzable a las heridas e invulnerable a
los procesos letales de la biología, algo inextenso, inexpugnable, opuesto en
todo a las características corporales, imperecedero?
La noción de espíritu o de
alma, como sustancia incorporal, indivisible, etc.. ¿no será fruto del miedo?
¿No tendrá el hombre un miedo tan profundo ante la muerte que se ha forjado una
idea de sí mismo como hombre-sin-cuerpo = alma, para escapar a su destino, a la
muerte?
Creo que vuelve a quedar
patente que, la existencia de una “supervivencia” de nuestro “yo” después de la
muerte, no puede demostrarse mediante la razón. Para intentar responder e esta
pregunta, tendremos que utilizar los convencimientos religiosos o la fe de cada
cual.