martes, 3 de diciembre de 2013

                         Ruiz Juárez Carlos Octavio
Grupo: 518
Capítulo Décimo
PERDIDOS EN EL TIEMPO
Estamos atrapados en el tiempo.
¿Cómo definiríamos el tiempo?
Relación entre tiempo y movimiento.
¿Cómo medir el tiempo? El tiempo social
El tiempo natural.
Pasado, presente y futuro.
¿Existe un destino predeterminado?
El ser humano es un ser temporal y mortal... ¿el alma también?
Las preguntas de la vida; Fernando Savater
Savater dice  lo siguiente:
Preguntemos a cualquiera cómo es su vida cotidiana. Nadie logrará hablar de sí mismo, de su vida, de lo que quiere o teme, de lo que le rodea, sin referirse al tiempo. Por tanto se debería suponer que nada nos es tan conocido y familiar como el tiempo. Pero si se nos pregunta qué es, no nos queda más remedio que encogernos de hombros.
Esto lo dice Sabater y estoy en parte de acuerdo con el  

Tanto en la vida cotidiana como en las diferentes ramas del saber, manejamos continuamente nociones temporales; antes, después, ahora, ya, simultáneamente, tarde, temprano, ayer, mañana,... El mundo se nos ofrece como una realidad que cambia incesantemente y la percepción del cambio, de la sucesión o de la duración de las cosas nos sugiere la idea del tiempo. Sabemos que ha transcurrido el tiempo lectivo, el tiempo de vacaciones o el tiempo de la juventud. Es indudable que tenemos experiencia del tiempo y hasta nos atrevemos a calcularlo mediante diversos procedimientos: el curso del sol, la sucesión de los días y las noches, el desplazamiento de las agujas del reloj. Sin embargo, qué es realmente el tiempo es una cuestión difícil y compleja, pues, como decía San Agustín, "si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé".
El tiempo no es una idea obtenida por abstracción a partir de la observación de los acontecimientos, no es un concepto empírico, sino una estructura necesaria para cualquier observación. El tiempo es la posibilidad que hay en nosotros, en cuanto observadores, de percibir los acontecimientos. Tanto el tiempo como el espacio no son más que relaciones entre las cosas en cuanto que son percibidas. Cualquier experiencia tiene como condición el tiempo, de manera que éste es la condición general de todas las experiencias, superior incluso al espacio, no siempre necesario. Nuestra experiencia externa está sometida a las coordenadas espacio-temporales, mas la interna sólo lo está a la temporal.

Según Kant, no podemos saber si "fuera" las cosas se suceden, pues cuando intentamos atisbarlas ya lo hacemos desde el tiempo, que es una cualidad de la conciencia del hombre. La sensibilidad humana lleva el tiempo como una manera de ser suya. El tiempo es una forma a priori de la sensibilidad que condiciona y hace posible toda experiencia.

El tiempo es diferente para toadas las personas  todas y cada una de las personas tienen una percepcionn diferente del tiempo  ya que hay muchos factores que intervienen en esta.
El tiempo es realmente nuestro o somos esclavos de el  depende de la persona a quien se lo preguntes  los mas grandes no tendrán tiempo de nada en cambio los mas  pequeños tienen todo el tiempo del mundo.
La repetición incesante fue esgrimida por pensadores muy posteriores como Giambattista Vico, con su teoría de los cursos y recursos (ciclos) interminables de la historia, y Friedrich Nietzsche, con su concepto del eterno retorno de lo idéntico, en el que, a diferencia de la visión cíclica del tiempo, no se trata de ciclos ni de nuevas combinaciones en otras posibilidades, sino de que los mismos acontecimientos se vuelven a repetir en el mismo orden, tal cual ocurrieron, sin posibilidad de variación.
El pensamiento de que esta vida, tal como la hemos vivido, tendrá que ser revivida otra vez, y una cantidad innumerable de veces, que no habrá nada nuevo y que tanto las cosas más grandes como las más pequeñas volverán para nosotros en la misma sucesión y en el mismo orden, este pensamiento es tal que puede sumir en la desesperación al hombre aparentemente más fuerte. [y sin embargo] hay que alcanzar la voluntad de querer que retorne todo lo que ya ha sucedido, de querer en lo sucesivo todo lo que acontecerá. Hay que amar la vida y a nosotros mismos más allá de todo límite para no poder desear otra cosa que esta eterna y suprema confirmación.
La conclusión a la que he llegado:

De nuevo me he de atener a mi condición de científico-técnico para comentar este capítulo. Como tal, para mí el tiempo es una clara, precisa y bien conocida magnitud física acerca de la cual no me cabe ninguna duda.
Sólo me parecen de interés dos aspectos que el autor trata en este capítulo como “efectos secundarios”.

En primer lugar, es interesante la bien conocida cuestión: ¿existe el destino?... Cada cual que extraiga sus propias conclusiones, si bien, opino que es importante que una persona se formule esa pregunta como medio de obtener una mayor madurez.
La segunda cuestión, trata con una gran magistralía la eternidad del alma humana: Nuestro cuerpo nos ata definitivamente al tiempo y por tanto a la mortalidad. ¿Hay algo en nosotros no-corporal, por tanto no-temporal, inalcanzable a las heridas e invulnerable a los procesos letales de la biología, algo inextenso, inexpugnable, opuesto en todo a las características corporales, imperecedero?
La noción de espíritu o de alma, como sustancia incorporal, indivisible, etc.. ¿no será fruto del miedo? ¿No tendrá el hombre un miedo tan profundo ante la muerte que se ha forjado una idea de sí mismo como hombre-sin-cuerpo = alma, para escapar a su destino, a la muerte?
Creo que vuelve a quedar patente que, la existencia de una “supervivencia” de nuestro “yo” después de la muerte, no puede demostrarse mediante la razón. Para intentar responder e esta pregunta, tendremos que utilizar los convencimientos religiosos o la fe de cada cual.




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