Lizette
Fernanda Romero Moncada
Grupo:
518
LA MUERTE PARA EMPEZAR.
Escogí
el capítulo primero “La muerte para empezar” del libro “Las preguntas de la vida”
de Fernando Savater porque la muerte siempre ha causado gran controversia en
las personas es tan sencillo decir que ya sea ahora o después todos llegaremos
al mismo fin, la muerte. Es por ello que me doy a la tarea de analizar este
capítulo. Es inevitable pensar en algún momento sobre nuestra propia muerte y
tal como lo menciona Savater no sólo deja a uno pensativo sino que lo vuelve
pensador. La muerte suele parecer algo que llegará sólo al ser mayores pero no
es así, la muerte nos puede llegar en cualquier momento, no obstante no se
trata de vivir con miedo a ésta sino de disfrutar en la vida y de los momentos
que nos brinda, uno empieza a vivir la vida cuando se da por muerto.
Savater plantea que la
muerte es una forma de madurar personalmente puesto que ésta nos humaniza, es
decir nos convierte en verdaderos humanos ¿Qué es la muerte? ¿Todos morirán? ¿yo moriré? Estas son las principales interrogantes,
somos mortales por saber que nuestra muerte estará presente, los animales y las
plantas no son mortales porque no saben que van a morir. No es mortal quien
muere, sino quien está seguro de que va a morir.
La filosofía no habla sólo
de la muerte más bien, menciona Savater, la filosofía es de la vida, de qué
significa vivir y cómo vivir favor del cual tenemos que esforzarnos y
reflexionar. Si la muerte no existiera habría mucho que ver y mucho tiempo para
verlo pero muy poco que hacer y nada en que pensar.
Savater menciona que si no
soñásemos al dormir, nadie hubiese pensado nunca en la posibilidad asombrosa de
una vida después de la muerte. Pero si cuando estamos quietos, con los ojos
cerrados, aparentemente ausentes, profundamente dormidos, sabemos que en sueños
viajamos por distintos paisajes, hablamos, reímos o amamos... ¿por qué a los
muertos no debería ocurrirles lo mismo? De este modo los sueños placenteros
debieron dar origen a la idea del paraíso y las pesadillas sirvieron de premonición
al infierno. Si puede decirse que «la vida es sueño», como planteó Calderón de
la Barca en una famosa obra teatral, aún con mayor razón cabe sostener que la
llamada otra vida -la que habría más allá de la muerte- está también inspirada
por nuestra facultad de soñar...
De modo que la muerte no
sólo es necesaria sino que resulta el prototipo mismo de lo necesario en
nuestra vida. La muerte resulta
absolutamente personal e intransferible nadie puede morir por otro. Es
decir, resulta imposible que nadie con su propia muerte pueda evitar a otro
definitivamente el trance de morir también antes o después, la deuda que todos
tenemos con la muerte la debe pagar cada cual con su propia vida, no con otra. Tal
como menciona en un ejemplo Savater Maximilian Kolbe, que se ofreció voluntario
en un campo de concentración nazi para sustituir a un judío al que llevaban a
la cámara de gas, sólo le reemplazó ante los verdugos pero no ante la muerte
misma. Con su heroico sacrificio le concedió un plazo más largo de vida y no la
inmortalidad.
La muerte sigue siendo lo
más desconocido. Sabemos cuándo alguien está muerto pero ignoramos qué es
morirse visto desde dentro. Creo saber más o menos lo que es morirse, pero no
lo que es morirme.
la muerte es que suele producir
dolor cuando se trata de la muerte ajena pero sobre todo que causa miedo cuando
pensamos en la muerte propia. Algunos temen que después de la muerte haya algo
terrible, castigos, cualquier amenaza desconocida; otros, que no haya nada y esa
nada les resulta lo más aterrador de todo. Lo temible sería quedarse consciente
de la muerte, quedarse de algún modo presente pero sabiendo que uno ya se ha ido
del todo, cosa evidentemente absurda y contradictoria.
La muerte para mí es un tema
sumamente amplio e incluso delicado, tal
vez pudiéramos querer impedir que esto pasara, pero es inevitable y en muchas
ocasiones causa temor por ello después
de la muerte nos refugiamos en la idea de que llegaremos a otro mundo donde
nuestras almas descansaran eternamente, esto ligado con la religión la cual
también tiene sus puntos a descifrar, nos dice que las almas buenas disfrutaran
en la gloria eterna mientras que las malas vivirán en constante sufrimiento,
puede verse también como una negación a la muerte cierta incredulidad por parte
de los creyentes quienes se niegan a creer que la muerte llegase a ser el
final. Es tal vez esto lo que cause
cierto temor en las personas la interrogante de ¿qué pasara con mi alma? No
obstante cabe destacar que no todas las personas creen en un Dios inmortal que
se encarga de dar gloria eterna a las almas y resguardarlas en un paraíso.
Otro tema que toca el autor
es el dolor que suele llegar a causar la muerte ajena, mas no podemos decir lo
mismo de la muerte propia, afortunadamente nunca he pasado por esta situación,
no he perdido a un ser cercano ni he experimentado situaciones en las que
intervenga la muerte, no sabría describir el dolor que se siente al tener una
pérdida de tal grado y el sólo pensarlo logra atemorizarme y me deja pensar en
que las personas en nuestro entorno son muy importantes y así como pudiese
estar cercana nuestra muerte también las de ellos por tanto debemos de amarlos
como a nuestra vida propia.
Es también bien mencionado que al saber de nuestra muerte es
cuando comenzamos a vivir, puedo asegurar que si me dijeran que día moriré me
empeñaría por hacer el resto de mis días lo más felices posibles, intentaría
disfrutar de todas aquellas cosas y personas que me causan placeres, abrazaría
más fuerte, besaría más apasionadamente y dedicaría mayor tiempo a realizar
cada uno de mis deberes, le haría saber a todos los seres que amo lo mucho que
significan para mí…. Pero ¿es necesario tener que llegar hasta este punto para
hacer las cosas? No necesariamente tendría que saber el día de mi muerte para
vivir con pasión ¿entonces por qué no puedo? Esta es la constante interrogante
que merodea mi mente…
La muerte siempre será un paradigma, algo que
nunca podremos descifrar, que nunca podremos saber que se siente, en la película de Otelo el personaje principal
desconfiaba de Desdemona llego a sentir tantos celos que lo orillaron a matar a
la mujer que amaba, poco después se enteró de que todo había sido una mentira,
no obstante la mujer ya estaba muerta, esto me lleva a otro punto ¿cómo podemos
quitarle la vida a otros como si fuera nuestra? No podemos disponer de la vida
de otro alguien y mucho menos decidir en qué momento debe terminar, es verdad
que la muerte es incierta pero entre los más grandes errores que puede cometer
el hombre es disponer de la vida de otro.
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